martes, 7 de agosto de 2007

Oliverio Girondo

1 comentario:

Btto dijo...

Cuánta fragilidad!... ¡Qué insensatez eso de ser hombres así! Pensar que mientras alrededor todo tambalea a punto de estallar como el cristal, nosotros nos ocupamos nada más que de resistir. El único impulso es resistir cualquier aberración sin inmutarnos. La consigna no es decididamente explícita, pero la seguimos a rajatabla. "Aquel que logra soportar las crueldades más sofisticadas sin alterar su ritmo cardíaco, se convierte en una persona íntegra. Cabal. Digna de ser admirada". ¡Deliciosa virtud!, ¿no?... ¡¿A quién se le ocurrió eso de que el dolor y el sufrimiento templan el carácter?! ¡Je!... Será por eso que nos parece estúpidamente divertido maltratar a los demás y a nosotros mismos. Como un juego inocente que no es importante comprender. ¡Total! Siempre vuelve a recomponerse todo. Bueno. Eso es lo que creemos... ¡Y yo me siento tan frágil!Cuando tomo conciencia de semejante disparate, no sé qué hacer. No sé... ¡Me arrancaría los ojos!... ¡Sííí! ¡Es una buena idea! ¡Me los arranco!¡Aaay!... ¡Ay!... ¡¿Qué pasa?!... ¡¿Por qué no puedo?!... ¡Ay!... ¡Vamos, dedos perezosos! ¡Ustedes saben que me lo merezco! ¡Soy culpable! ¡Me avala toda una vida judeocristiana!... ¡Vamos! ¡No seré un rey incestuoso pero hice lo mío! ¡Tengo derecho a expiar mis culpas como corresponde!... ¡Ay!¡Qué desastre!... ¡Ni siquiera puedo inmolarme!... ¡Bueno! No importa. Igual, arrancarme solamente un par de ojos, no serviría ni como parodia de redención. Además, ya bastante ciego ando por la vida. ¡Así que!...¡Maldición! Siento chorrear de la cabeza a los pies un sopor pegajoso que me imanta a la tierra. El horror se me adhiere con una fuerza irresistible que me calcifica. Me sacudo. Me retuerzo para despegarme esta salvaje inercia, pero no puedo. No logro hacer nada... Desde hace años me despierto con la misma propuesta. "Hoy voy a hacer algo con esto". Pero una vocecita que navega en mi cerebro acuoso murmura burlona: ¡ña, ña! ¡Qué vas a hacer vos, si estás perdido!... ¡Y tiene razón! ¡Tiene razón, estoy perdido! Me siento tan perdido... Tan lejos de lo que tengo que hacer. Tan atado a esa detestable confusión general. No sé si estoy al derecho o al revés. En realidad, no sé si estoy en algún lado... ¡Mi imagen me perturba! Me miro... y veo mis huesos. Donde mire veo osamentas animadas... Levemente animadas. ¡Tanto horror adormece! ¡Es absurdo! ¡No tiene sentido todo tan frágil! ¡Y yo por ahí... creyéndome no sé qué!... ¡¡Eeehhh!! ¡¡Tengo una pregunta, hombres razonables!! ¡¿Qué nos creemos que somos?! ¡A ver! ¡¿Qué es lo que nos creemos?!... ¡Nooo! ¡Estamos equivocados! No somos personas tratando de ser felices. No. Somos patitos mojados jugando a estrellarse contra las paredes. Y a nadie le importa qué siniestro deseo lúdico nos impulsa. Ni siquiera por curiosidad. Sólo nos interesa una cosa. Una única cosa: "jugar"... ¡Y jugamos!
(Fragmento "Los irreverentes", de Claudio Gotbeter))